El guerrero y la esclava del sultán
Las tierras árabes, un lugar donde si no sobrevives puedes acabar muerto en el desierto. Los pobres mueren de hambre y los ricos son los que disfrutan de los grandes lujos, pero el sultán es el único que tiene todos los placeres del mundo para complacerse, teniendo esclavos a su disposición y mujeres en su harem para darle placer cuando deseara, también poseía guardias y guerreros que le servían con gran lealtad . De entre sus guerreros se encontraba Bashad, un joven adulto que desde niño le era leal a su sultán, era fuerte y de gran actitud noble, por eso el sultán lo quería como a un hijo.
Sin embargo un buen día la lealtad de Bashad estuvo por encima de todo. El sultan habia ido a otras tierras del desierto dejándolo a la vigilancia de su esclava favorita, Sarinah, una joven de hermosa piel morena, cabello y ojos de color café, con un cuerpo escultural que no podía dejar al resiste de ningún hombre que se atreviera a mirarla, todos caían en su belleza y el sultán siempre le arrancaba los ojos a quien se atreviera a mirarla. La lealtad de Bashad fue lo que lo puso en la vigilancia de la esclava pero este al verla no podía resistirse a su belleza, entro en sus aposentos y este al verla lo empujo hasta los grandes colchones donde siempre reposaba y comenzó a bailar sensualmente para él.
-Me pareces muy apuesto, mas apuesto que el sultán, y con sólo mirarte te deseo tanto como tu me deseas. Lo veo en tu mirada-
Se fue desnudando frente a sus ojos que miraban con asombro la sensualidad que esta poseía. Acercándose hacia el lo besó apasionadamente, este correspondió al beso y la abrazo recorriendo con sus manos su cuerpo desnudo, Sarinah lo fue desnudando y acariciando todo su musculoso cuerpo hasta llegar a aquella zona que tanto los hombres tienen, Deposito unos cuantos besos en la punta de su pene para luego introducirselo en su boca, ante esto Bashad no pudo aguantar en soltar un gemido de placer mientras ella lo chupaba y lamia. Su lengua recorría cada zona de ese miembro masculino sin dejar nada que lubricar con su saliva.
Bashad no pudo seguir así, con un rápido movimiento la puso encima de el y la beso, luego fue hasta su vagina y comenzó a lamerla. Sarinah gemía al sentir aquella lengua recorrer toda su zona intima como si fuera la lengua de una víbora y se la chupaba intentando devorarla. La lengua fue subiendo hasta llegar a su vientre, recorriendo hasta su ombligo, luego hasta sus pechos besándolos cada uno, lamiendo los pezones para después chuparlos fuertemente, Sarinah no dejaba de gemir y arquearse para entregarle sus pechos a Bashad. Se sentía totalmente embriagado por el perfume de aquella mujer que le enloquecía de placer.
Entonces, le abrió sus piernas e introdujo su pene dentro de su vagina, ella cerros sus ojos para sentir como entraba aquel pene tan duro dentro, por un momento pensando que podría ser partida a la mitad agarrándose a la espalda de Bashad. Las embestidas eran lentas y suaves, Bashad no quería llegar tan pronto al limite, quería sentir como entraba en aquella zona que le estaba prohibida tocar, escucharla gemir, admirar su desnudes. Ella suplicaba por más y él la complació, aumento el ritmo de sus embestidas besándola en el proceso en sus labios y cuello, entonces se movió poniéndola encima de el haciéndola moverse de arriba hacia abajo deleitándose con el movimiento de sus caderas y el rebote de sus pechos.
-Mmmmmm, me siento que me esta poseyendo un dios- murmuró Sarinah-Sigue así, no pares, no pares-
Bashad le apretó las nalgas y sus manos hicieron un recorrido hasta sus pechos que fue acariciando, apretando sus pezones de vez en cuando. Luego bajaron hacia sus cadenas y las sostuvo para darle embestidas mas fuertes. Finalmente llego el momento, lo libero dentro de ella mientras liberaban ambos un ultimo gemido hasta el cielo, ella cayo a un lado de él respirando agitadamente, estaba alegre y llena de sudor por todo su cuerpo, se acerco a Bashad dándole un ultimo beso.
Desde ese día Bashad le rezaba a Alaá para volver a ver a Sarinah de nuevo y seguir teniendo posesión de aquella esclava aunque estuviera jugandose con la lealtad del sultán.
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