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miércoles, 11 de febrero de 2015

Relato erotico

No puedo vivir sin ti

Me encontraba aquel día sola en la casa de la playa. Los empleados se habían ido a tomarse unos días libres y el silencio de la casa me ayudaba un poco pero a la vez temía no escuchar el ruido de pasos que no fueran los míos por toda la casa. Le pertenecía a mi abuelo, de muy joven siempre venia hasta aquí con mi abuela, ella siempre decía que esta casa era siempre ideal para un ''nido de amor'' y que siempre venía con el abuelo hacer esas cosas que sólo las parejas hacen; pero yo la usaba para todo lo contrario, quería alejarme del amor.

Desde hace varias semanas sentía que mi novio, Sebastian, se estaba alejando de mi, no se comunicaba conmigo, se iba siempre de la casa temprano dejándome sola hasta la noche y ya no hacemos el amor como antes. Me pongo a pensar la posibilidad de que me este engañando con otra mujer, debí suponer que jamás olvidaría a Jolanda, aquella que fue su primera mujer, tal vez se estén viendo a escondidas en estos momentos. Con lo lejos que estoy de él quisiera olvidarlo, se lo dejé todo en una nota antes de irme, le dije que me iría de su lado si tanto lo quería, lo dejaría libre para irse con Jolanda o con cualquier otra mujer que la haga mas feliz que yo. Por eso aquí me encuentro ahora, disfrutando de mi soledad tratando de olvidar todo sobre el amor, si mi abuela me estuviera viendo lo que su casa se ha vuelto ahora diría ''Esta casa no fue echa para llorar las penas del amor, sino para que las parejas se expresaran su amor cada noche'' Hay abuela si supieras que las cosas no son iguales a como fueron tu y el abuelo.

Durante todo el día me dedique a pasear por toda la casa, la habitación de mis abuelos la cual se ubicaba en la segunda planta era grande, tenia una cama matrimonial con marco de color perla, con cortinas blancas semi transparentes y dos mesitas con lamparas a los lados, la puerta del baño estaba a la izquierda de la habitación. Este era tan grande como la habitación, tenia un decorado de cerámica azul los cuales tenían dibujos de delfines en las paredes, un pequeño lavamanos con espejo de botiquín y una bañera cuadrada con jacuzzi incluido, esto es lo único nuevo que colocó mi abuela. Bajando a la primera planta mira la sala que era espaciosa con muebles color blanco y paredes color amarillo, había incluso un televisor de pantalla plana y un librero lleno de películas y libros, aunque estos eran pocos. La cocina era pequeña con tan solo algunos muebles para guardar los platos, cubiertos y vasos, una estufa con horno y una nevera, el comedor estaba hacia una puerta conectada con la cocina. Afuera en el patio había una enorme piscina, con lo que me gusta tanto nadar tal vez un chapuzon me ayude a olvidar mis penas.

Nade todo el día en la piscina hasta caer la tarde que regrese a la casa a cenar algo y encender la televisión, el silencio no me gustaba tanto cuando comenzó a caer la noche. A pesar de nadar en la piscina no me ayudaba a olvidar a Sebastian.

Comenzaba a darme sueño, así que me fui a la habitación de mis abuelos, me puse una pijama blanca que le pertenecía de mi abuela y me quede dormida al instante. Pero entonces escuche unos ruidos extraños, alguien había abierto la puerta principal, me levante asustada de la cama escuchando como subía las escaleras, sentí como si mi corazón se estaba saliendo del pecho. Un mal momento para que los empleados se tomaran el día libre y me dejaran sola, seguramente un ladrón que viene a robar, fui rápidamente hacia la puerta para ponerle seguro, no me importaba si se robara algo de la casa mientras no me hagan daño; pero al llegar a la puerta esta ya se estaba abriendo, yo me aleje hacia atrás asustada hasta tropezar con la cama. Con la oscuridad no podía distinguir la figura de aquel hombre que se acercaba hacia mi.

Me acorralo en la cama sin tener posibilidades de escapar de él, era tan fuerte y su cuerpo me aprisionaba mucho.

-Déjame por favor- le suplique con lagrimas en los ojos- Vete- mi llantos se podían oír fácilmente pero nadie vendría a ayudarme.

-No voy a irme de tu lado-

Esa voz, reconocía esa voz, él suelta una de sus manos y enciende la luz de una de las lamparas. Mis ojos se sorprenden al verlo, aquel hombre moreno de pelo castaño y ojos marrones, era él, era...

-Sebastian-

Él me beso con desesperación, por un lado no salía del asombro por encontrarlo aquí pero por otra parte, me sentía aliviada de tenerlo aquí conmigo. Se separó de mi para respirar aire, pegando su frente a la mía me miró con ternura y deseo. Podía sentir su aliento cerca, su respiración agitada y sus manos que tomaron mi rostro con suavidad.

-Mariana, perdóname, tenía miedo que no fuera a durar, no quería lastimarte, pero cuando leí tu carta...No me di cuenta hasta ahora de cuanto te necesito, cuando te deseo, cuando te amo. No puedo vivir sin ti- Volvió a besarme y esta vez le correspondí, tampoco podía vivir sin él, quise olvidarlo pero no pude, nada de lo que hice logró olvidarme de él. Si no hubiera sido él quien entrara, no se que me hubiera pasado. Fue una mala decision pensar en quedarme sola en esta casa. Ya no me importa eso ahora, esta conmigo, estamos juntos y esta distancia logró demostrarme su amor. No podía guardármelo más tenia que decírselo.

-Te amo Sebastian. Intente negarme pero no pude, yo te amo con todo mi ser- esta vez fui yo quien lo bese, él correspondió a mis besos y al separarnos otra vez para tomar aire le susurré al oído- Hazme tuya-

-Siempre- me respondió entre susurros- Te amo y no quiero separarme de ti-

Se fue quitando su camisa tirándola lejos, me fue besando con pasión hasta mi cuello mientras sus manos me recorrían mi cuerpo debajo de mi pijama la cual me quito y la lanzó. Fue dándome succionadas en mi cuello y con su lengua fue lamiéndome hasta llegar a uno de mis pechos. Fui dando pequeños gemidos al sentir como su lengua lamia mi pezón hasta endurecerse, lo mismo hizo con el otro y así fue haciendo un recorrido hasta llegar hasta abajo en mi zona intima. Usando solo los dientes me quitó la ropa interior, yo me estremecía y deseaba mas. Sebastian me separo las piernas y fue besándome hasta llegar hasta abajo donde me lamió mi zona intima, humedeciéndola con su lengua, recorriendola toda haciéndome gemir mas fuerte, deseando mas de él. Bajo su mano derecha hasta mi clítoris y con sus dedos comenzó a acariciarme, podía sentir como se endurecía con su toque, mientras cerraba los ojos del placer que sentía.

Abrí mis ojos cuando se detuvo y pude ver como se quitaba su pantalón dejando libre su miembro, agarro una de mis manos y la puso sobre su miembro, podía sentir lo duro y firme que estaba. Me soltó de mi agarre y rozo su miembro contra el mio hasta meterlo adentro, arquee la espalda al sentirlo dentro de mi, tan duro y grande. Primero se movió lentamente dándome embestidas suaves mientras me besaba con pasión, rozando su cuerpo contra el mio luego fue aumentando el ritmo haciendo mis gemidos mas fuertes, el me besaba gimiendo también al ritmo de mis gemidos. Lo abrace fuertemente sintiendo aun mas sus embestidas mientras que sus manos acariciaban todo mi cuerpo hasta llegar a mis muslos que fue apretando. De un rápido movimiento me levanto de la cama sentadome encima de él siguiendo con sus embestidas al igual que yo las seguía moviendo mis caderas.

Cuando llegamos al clímax ambos nos corrimos al mismo tiempo, podía sentirlo, había dejado una parte suya dentro de mi, le pertenecía ahora, era suya. Caímos rendidos en la cama, yo encima de él abrazado a su pecho y el abrazándome con sus brazos como si no quisiera soltarme.

-Te amo-

-Yo también te amo Mariana- Así ambos nos entregamos al sueño y dormimos los dos allí desnudos. A partir de ahora esta casa será nuestro ''Nido de amor''.